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Club16 de octubre de 2026

No basta con llegar a la meta: hay que llegar bien

Por Javier A. Nieto

Damián es ingeniero y organiza eventos con una rondalla. Antes habría mandado un mensaje seco; esta vez saludó por su nombre y preguntó. Una historia de «Toastmasters en mi trabajo».

Esta historia es parte de Toastmasters en mi trabajo, la dinámica de octubre del club: cada socio cuenta, con una situación real, para qué le sirve en su trabajo lo que aprende aquí.

¿A qué me dedico?

Soy ingeniero en diseño mecánico y trabajé cinco años en eso. Curiosamente, hoy no me dedico a mi carrera. Lo que de verdad me mueve es la música: soy subdirector de una rondalla aquí en Matamoros, Tamaulipas. Y de pilón, le estoy entrando al marketing digital.

En la rondalla no todo es cantar bonito. Hay ensayos y presentaciones, y sobre todo hay que organizar eventos: conseguir presupuesto, buscar patrocinadores, invitar a otros grupos, llenar el lugar y encargarnos del boletaje.

Casi siempre me toca la parte de relaciones públicas: escribir los oficios, llevarlos y hablar con la gente. Y eso tiene su chiste, porque siempre he sido de pocas palabras, una persona muy reservada. Además, ando en silla de ruedas, y muchas veces la gente no se imagina que quien está organizando todo soy yo. Nadie lo dice de manera despectiva, pero se notan algunas actitudes. Así que mi primer reto siempre es hacerme visible: que quede claro que estoy ahí porque estoy dirigiendo.

Dos semanas antes, y sin lugar confirmado

Hace poco llevábamos seis meses planeando un evento en una plaza comercial. Un mes antes le avisamos la fecha a la persona encargada de la plaza. Y luego, silencio.

Dos semanas antes del evento, uno de mis compañeros me dijo: "No me contesta, y sin la confirmación del lugar no puedo sacar la publicidad". El director del evento tampoco recibía respuesta. Y ahí está Damián: me pasaron la bolita y terminé haciéndome cargo de hablar con la encargada.

Lo que habría hecho antes

Antes de Toastmasters, habría mandado un mensaje seco, algo como "Necesito la confirmación del lugar para tal fecha", y ya.

Así era yo como líder en ingeniería. Lo que importaba era que el trabajo saliera, no cómo se sintiera la gente haciéndolo. Los resultados salían bien, sí, pero estoy seguro de que más de uno no quería volver a trabajar conmigo.

En ingeniería entrenamos mucho la mente para resolver problemas técnicos, y no tanto para comunicar las ideas con claridad. Uno puede entender perfectamente lo que quiere y, al momento de decirlo, complicarlo de más.

Lo que hice esta vez

Mandé un WhatsApp corto. La saludé por su nombre, me presenté, le platiqué del evento, le comenté que el director estaba preocupado porque no había podido hablar con ella, y le pregunté qué necesitábamos para ponernos de acuerdo, o si podíamos reunirnos.

No pasaron ni cinco minutos y me contestó: "Llámame".

Llamé, empecé con un "Buenas tardes, ¿cómo estás?", y de ahí la plática se dio sola. Como en los negocios, hablamos de qué ofrecíamos nosotros y qué podían ofrecer ellos, y ese mismo día quedó cerrado: nosotros poníamos el sonido y la publicidad; ellos, el escenario y las sillas.

Fue un evento gratuito, llegaron 150 personas, y nos fue muy bien.

Qué cambió

Cosas tan simples como:

  • Decir el nombre de la persona con la que estás hablando.
  • Saludar.
  • Pedir en lugar de exigir.
  • Hablar sin rodeos y sin muletillas, porque cuando titubeas parece que no estás seguro. Y un patrocinador necesita sentir que su inversión está en buenas manos, que el evento lo planean personas profesionales.

Hoy entiendo que ser líder no es nada más llegar al resultado: es cómo se siente la gente en el camino. Y lo mejor es que ahora los equipos me lo dicen abiertamente: que el trato es muy distinto y que les gustaría volver a trabajar conmigo.

Me sorprendió, la verdad, porque antes para mí la eficiencia era lo máximo. Ahora quiero que lleguemos todos juntos a la meta. Y no nada más llegar: llegar bien.

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