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Técnicas12 de agosto de 2026

Hablar sin preparar: la parte que más nervios da, y la que más te sirve

Por Javier A. Nieto

La improvisación es la parte de la sesión que nadie prepara y que a todos pone nerviosos. También es la que de verdad se te va a atravesar el lunes en el trabajo.

La parte de la sesión que más nervios da es la que nadie prepara.

Se llama improvisación, y funciona así: alguien te dice tu nombre, te da una pregunta que no habías escuchado nunca, y tienes entre uno y dos minutos para contestarla de pie, frente a todos.

Sin diapositivas. Sin notas. Sin un fin de semana para pensarlo.

Casi todos los socios nuevos nos dicen lo mismo la primera vez: "el discurso preparado lo entiendo, pero eso de improvisar no es lo mío". Y es entendible. Cuando preparas un discurso tienes el control. Aquí no hay nada que controlar.

Pero justo por eso es la parte más útil de la sesión.

Dónde vas a usar esto de verdad

Piensa en las veces que te ha tocado hablar sin aviso en el último año:

  • En una junta te preguntan tu opinión y todos voltean a verte.
  • Un cliente te suelta una objeción que no venía en el guion.
  • Alguien te pregunta a qué te dedicas y respondes algo enredado que ni tú entiendes.
  • Te piden "unas palabras" en una comida familiar.

Ninguna de esas era un discurso preparado. Y sin embargo, así es como la mayoría de la gente te va a conocer: por cómo hablas cuando no lo tenías planeado.

Los discursos preparados construyen tu técnica. La improvisación construye tu tranquilidad.

Tres cosas que ayudan desde el primer intento

1. Empieza por la respuesta, no por el recorrido. El error más común es arrancar contando de dónde vienes hasta llegar, en el segundo cincuenta, a lo que ibas a decir. Contesta primero la pregunta en una frase, y después explica. Si el tiempo se acaba, ya dijiste lo importante.

2. Una idea es suficiente. Nadie espera un análisis completo en dos minutos. Un punto, un ejemplo, un cierre. Los que se enredan casi siempre son los que intentaron meter tres.

3. El silencio de dos segundos no se oye como se siente. Adentro se siente eterno. Desde afuera parece que estás pensando, y pensar se ve bien. Esa pausa es infinitamente mejor que un "este… bueno… entonces…".

Lo que nadie te dice

En el club nadie improvisa bien la primera vez. Ni la tercera.

Lo que cambia no es que un día te salga perfecto: es que dejas de sentir el jalón en el estómago cuando dicen tu nombre. Empiezas a pararte antes de haber decidido qué vas a decir, confiando en que se te va a ocurrir mientras caminas al frente. Y se te ocurre.

Eso no se aprende leyendo. Se aprende parándose, semana con semana, en un lugar donde equivocarse no cuesta nada.

Por eso lo hacemos en cada sesión. No porque sea la parte bonita —no lo es—, sino porque es la que de verdad se te va a atravesar el lunes en el trabajo.


Nos reunimos los miércoles a las 7 pm, hora de la Ciudad de México, en línea. Puedes venir como invitado, sentarte a mirar y no decir una palabra si no quieres. Aunque casi nadie se aguanta las ganas de levantar la mano la segunda vez.

¿Quieres practicar esto en vivo?

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