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Técnicas2 de octubre de 2026

Muletillas: no las borres, cámbialas por una pausa

Por Javier A. Nieto

Contar tus muletillas sirve para una cosa: enterarte. Lo que las quita no es fuerza de voluntad, es aprender a quedarte callado medio segundo. Por qué salen, dónde salen y cómo practicar la pausa.

En cada sesión del club hay alguien con una tarea muy particular: contar tus muletillas. Cuántas veces dijiste "este", "o sea", "eh" o "entonces".

La primera vez que te dan el número, sorprende. Casi nadie se oye a sí mismo mientras habla, así que casi nadie sabe cuántas dice.

Y después del número viene la pregunta: ¿cómo se quitan?

Lo que no funciona: prohibírtelas

La reacción natural es decirte "ya no voy a decir 'este'". Y en el siguiente discurso pasa una de dos cosas: o se cuela igual, o te concentras tanto en no decirla que pierdes el hilo de lo que ibas a decir.

Prohibírtela no funciona porque la muletilla no es el problema. Es el síntoma.

Para qué sirve una muletilla

Una muletilla aparece justo cuando estás pensando qué sigue. Es el sonido que hacemos para no dejar un silencio, porque el silencio, cuando hablas frente a otros, da miedo: sientes que todos se dieron cuenta de que te perdiste.

Por eso salen casi siempre en los mismos lugares:

  • Al empezar, mientras arrancas.
  • Entre una idea y la siguiente, mientras decides cómo conectarlas.
  • Antes de una palabra difícil, mientras la buscas.

Si la quitas sin poner nada en su lugar, el hueco sigue ahí, y la muletilla regresa.

Lo que sí funciona: cambiarla por una pausa

En lugar de llenar el silencio, déjalo. Cierra la boca, respira y di lo que sigue.

Esto es lo que casi nadie cree hasta que lo prueba: la pausa dura mucho menos para quien escucha que para ti. A ti, medio segundo callado te parece eterno. A quien te escucha le parece que estás pensando lo que dices, y eso suena a seguridad, no a duda.

Una pausa en el lugar correcto hace lo mismo que intentaba hacer la muletilla: te da tiempo. Pero sin ruido.

No todas estorban. Un "fíjate" antes de algo importante o un "¿me explico?" después de una idea difícil le ayudan a quien escucha; hablamos de eso en Para sonar natural no tienes que hablar mal. Las que conviene cambiar son las que salen sin que las decidas.

Cómo practicarlo

  1. Entérate de cuáles son las tuyas. Grábate un minuto contando cómo te fue en el día. Escúchalo y anota cuáles salen y cuántas veces. Casi todos tenemos una o dos favoritas.
  2. Ubica dónde salen. ¿Al empezar? ¿Al cambiar de idea? Ese lugar es donde va la pausa.
  3. Practica la pausa en voz alta. Cuenta lo mismo otra vez, y cada vez que sientas que viene la muletilla, cierra la boca y respira. Al principio se siente raro. Es normal.
  4. Practícalo improvisando. Las muletillas salen más cuando no preparaste lo que vas a decir. Por eso sirve tanto practicar con preguntas sorpresa, como contamos en Hablar sin preparar.
  5. Deja que alguien te cuente. Hablando no te oyes. Que alguien te dé el número cada semana es lo que te deja ver si vas avanzando.

Ven a que te cuenten

En el club, contar muletillas no es para regañar a nadie. Es para que te enteres, que es el primer paso.

Nos reunimos los miércoles de 7 a 8 de la noche, hora de la Ciudad de México. En línea y en español.

Vienes como invitado, sin pagar. Si quieres participar, te decimos cómo; si prefieres solo ver, también se vale.

Escríbenos la palabra "invitado" y te mandamos el enlace.

¿Quieres practicar esto en vivo?

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